16 horas, 22 minutos y 5 segundos

Empleo 16 horas, 22 minutos y 5 segundos al día en hallar el momento exacto de mi muerte,

no la que vendrá, definitiva y azul,

sino la que me ha asaltado en una calle de farolas cansadas para robarme mi brújula estropeada.

Nunca me dijo dónde estaba el norte, pero me daba seguridad,

en el aparente caos de su girar, la aguja me marcaba los miles de caminos de sal y horizontes.

Empleo 16 horas, 22 minutos y 5 segundos al día en buscar la grieta que una vez me devolvió,

con su garganta metálica y húmeda,

el eco de un pecho desvaneciéndose en una fosa abisal, negritud inabarcable, fin.

La fuerza de mi paso, el calor de mi aliento, el impulso hacia el abismo de luz, todo se ha ido,

y yo empleo 16 horas, 22 minutos y 5 segundos cada día en conocer el instante fatídico en que desaprendí a vivir.

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Una respuesta to “16 horas, 22 minutos y 5 segundos”

  1. Rayuela Says:

    Auténtica poesía que deja un regusto amargo. Si me lo permites, a este párrafo “empleo 16 horas, 22 minutos y 5 segundos cada día en conocer el instante fatídico en que desaprendí a vivir.” Me gustaría añadirle una cita de Viktor Frankl, y es que, “Quien tiene una razón para vivir acabará por encontrar el cómo”

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