La frontera

Miró hacia atrás por última vez y dio un paso que resonó como un mazazo en oídos infantiles. Cruzó la frontera y no se resistió a sus lágrimas, que repicaban en el suelo componiendo un réquiem de añoranza por un mundo antiguo y virgen, por una tierra salvaje, dominada por fantasmas y sueños. Supo que nada sería lo mismo, que comenzaba una era de risas corteses y ademanes dirigidos, de mentiras tornadas en aceptación social. La muerte de la luz pura llamaba a su puerta, instalando un rictus de preocupación insana en su boca. Avanzó por un oscuro pasillo, miró atrás de nuevo, pero allí ya no había nadie desde hacía 200 millones de años.

Cuatro horas más tarde, de retorno al umbral, él volvía a sonreír. En su primer día, la seño María, ¡qué guapa!, le había enseñado una canción.

Una respuesta to “La frontera”

  1. Rayuela Says:

    Maravillosa descripción de un momento difícil, tanto para el que cruza la frontera como para el que se queda al otro lado. La vida en estado puro.
    ¡Enhorabuena!

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