España

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

Al lector despistado le digo que esta sextina no es mía (más quisiera yo!) ni se escribió después del último Consejo de ministros del Gobierno de Rajoy. Este poema, titulado Apología y petición, lo vomitó Jaime Gil de Biedma a comienzos de la década de los 60 y demuestra dos cosas: que el Arte con mayúsculas es tan actual como imperecedero y que España es una eterna y triste autoparodia de sí misma en manos de buitres y políticos, valga la redundancia.

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Una respuesta to “España”

  1. jllopartfolch Says:

    con permiso:
    Todo cae por su propio peso

    Quizás cual gota de agua intrascendente,
    que de la gravedad será su esclava,
    cual gota de sudor la que socava,
    las ajadas arrugas de la frente.

    Al igual que el que tiene algo pendiente,
    que con arena sus manos se lava,
    cuando impaciente el suelo helado excava,
    se queda absorto en el pasado ausente;

    quien sabe si buscando quien le fiaba,
    con aval de un futuro resurgente,
    todo aquello que no necesitaba.

    Ahora la verdad es del presente,
    la fuerza de atracción es la que acaba,
    gobernando este mundo justamente.

    el 8/10/12 J.LL.Folch

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