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George Clooney, Sudán y la miopía de Dios

20/06/2012

George Clooney es arrestado en Washington. / Win Mcnamee (AFP)

Cuentan las lenguas más afiladas que cuando el policía que el pasado 16 de marzo arrestó a George Clooney en Washington llegó a casa y le dijo a su mujer que había esposado al actor más sexy del mundo, ésta le espetó: “Dios mío cariño, se te ha cumplido mi sueño erótico más recurrente”.

Cuentan los herederos de la rica tradición oral musulmana que cuando Omar Al Bashir, presidente de Sudán, llegó a casa y le dijo a la preferida de sus esposas que un actor al servicio del neocolonialismo americano del siglo XXI había hablado en su contra con Obama y que querían quitarle su “legítimo” derecho a masacrar a su pueblo, su mujer no dijo nada porque no le está permitido opinar.

Todos tenemos deseos, desde los más apegados a la cotidiana realidad hasta los más aparentemente inalcanzables, la mayoría de los míos pertenecen a esta última categoría, en la que se podrían incluir la Paz mundial, el fin de la pobreza, la recta balanza de la Justicia y otra serie de zarandajas que, por desgracia, en estos tiempos de crisis que suelen potenciar el egoísmo del “sálvese quien pueda”, quedan en segundo o tercer plano y no salen del terreno de la ficción. Precisamente, si alguien domina el mundo de la ficción es el señor Clooney, lo que, aunque parezca  paradójico, seguramente le obligue a aferrarse con más fuerza a la realidad circundante por dura que sea;  así el actor, que, tras conocer la situación en  Sudán ya en tiempos del conflicto de Darfur, decidió abanderar la causa de uno de los pueblos más oprimidos del mundo, ha provocado su arresto durante una protesta ante la embajada del país africano en Estados Unidos, en la que también participaban su padre, representantes de diferentes ONGs  y activistas como Martin Luther King III, hijo del mítico Nobel de la Paz asesinado en 1968.

Lo que pide Clooney y sus numerosos aliados en esta lucha es el fin de la opresión para gran parte del pueblo sudanés, maltratado por su gobernante, el dictador Omar Al Bashir y por la inoperancia de los organismos internacionales, quienes, en la mayoría de los casos, sólo intervienen si está en peligro, no la vida o la dignidad de las personas , sino el suministro de materias primas (petróleo, gas, coltán…) a los acomodados países del Primer Mundo. El actor, consciente de que su detención, a la que puso fin tras pagar 100 dólares de multa, situaría la situación del país africano en el centro de la atención mundial, se entrevistó el día antes con Barack Obama para pedirle que convenza a China de la necesidad de apoyar la condena a Al Bashir, reclamado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra tras la masacre en la mencionada Darfur. El mandatario de Sudán del Norte, lejos de amedrentarse, está bombardeando indiscriminadamente  poblaciones civiles en la región de Kordofán y en otras zonas limítrofes con Sudán del Sur, país independiente desde julio de 2009, fecha desde la que la situación es, según Naciones Unidas, “tensa y volátil” entre los dos países vecinos.

En una muestra más de la prepotencia que suelen enarbolar los dictadores de todo el mundo, Al Bashir ha cerrado a la ayuda humanitaria  y a los observadores internacionales las zonas de conflicto, donde miles de personas han sido asesinadas o desplazadas a campos de refugiados en los que el amargo olor de la muerte descansa sobre una niebla constante y pesada que impide ver el horizonte.

George Clooney se une a la numerosa nómina de personajes célebres que se han sumado a alguna causa, para algunos solidaridad sincera, para otros publicidad impuesta por la implacable maquinaria de Hollywood. De hecho, cuando vemos a Sean Penn removiendo los escombros dejados por el Katrina o a Angelina Jolie llorando ante los edificios ametrallados de Sarajevo, es inevitable que una pequeña duda nos asalte, pero si la foto en cuestión sirve para que nos paremos un minuto a pensar en la situación que viven algunas personas alejadas de nuestro confortable sofá, bienvenida sea la campaña en cuestión.

En el caso de Clooney, cuyo rostro refleja la serenidad de las personas que ya no tienen que demostrar nada, su implicación no deja lugar a dudas como así lo atestigua el Satellite Sentinel Proyect (SSP) o Proyecto Satélite Centinela,  una iniciativa impulsada y financiada por el actor junto al activista John Pendergast y con el apoyo logístico de Google. El SSP, pensado para detectar cualquier violación de los derechos humanos, viene a ser el equivalente a unas gafas contra las dioptrías que arrastran tanto los todopoderosos países que dirigen el mundo como el mal llamado Salvador.

Y es que la biografía de Al Bashir, quien ya en el 73 luchó contra Israel en la Guerra del Yom Kipur, es una muestra más de la miopía mostrada por Dios, ya que el dictador, cuyo país ha sido refugio y centro de formación para islamistas radicales, incluido el propio Bin Laden, ha descargado su puño de hierro e impunidad contra cualquier conato de oposición, fuera pacífica o no.

Fue Ramón de Campoamor quien dijo aquello de que “en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con que se mira”. La particular visión de Al Bashir está definida por sus característicos anteojos redondos. Sobre el Sudán del dictador, George Clooney ha situado una enorme lente. Y mientras, Dios no encuentra sus gafas. Curioso mundo.

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