Húmeda mañana de sal

Hay días en que el sol de la mañana te sumerge en la noche y te pasas esta en vilo para ver amanecer y la vida se convierte, casi sin darte cuenta, en una podrida pescadilla que se muerde la cola. Y de pronto, uno recuerda su infancia y, maldita sea!, a mí de pequeño no me gustaba el pescado, aunque quizás ahora lo tome en contra de mi verdadera voluntad porque una convención social o una regla médica cambiante o un excedente de stock japonés nos diga que es bueno comer peces; además, no nos importa desgarrarles sus branquias con un anzuelo, pero lloramos desconsoladamente cuando un cazador se carga a la mamá de Bambi. Hipócrita mundo.

Mañana por la mañana, cuando el astro que nos alienta me señale con su dedo ardiente el camino del pozo oscuro, sin llorar -aunque con ganas-, rechazaré su invitación, buscaré la playa más cercana y me sumergiré en el frío acogedor donde  bancos de cientos de miles de peces me arropen con su manto iridiscente.

Me comprometo a luchar -nada de lloros, nada de tatuajes llamando a la reflexión- cada segundo de esto que algunos llaman vida y que no es otra cosa que la aberración evolutiva del Big Bang.

Sonreír y aprovechar las mañanas húmedas y repletas de sal, tal será mi cometido.

Anuncios

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: