Campanas de boda

Tenía un tema rondándome la cabeza y al abrir el editor de este blog me he quedado como la vaca que mira pasar el tren. Intento que las palabras sean ordenadas, civilizadas, educadas, como les he enseñado durante toda una vida, pero se distraen, se paran a pisar los charcos, se van volando tras las estelas de los gorriones, intentan asir la sombra de las nubes o simplemente se sientan en la manecilla de un segundero a sentir el vértigo de la lentitud, delicia en peligro de extinción. No les puedo reprochar nada, se parecen a mí. Cuando no veo charcos ni manecillas tontas ni gorriones juguetones ni nubes descarriadas, me invade una tristeza vaga que ordena mis palabras en textos que nacen muertos. Pero yo quiero vivir viviendo, vivir vivir, morir en vida, respirar sol y exhalar semillas, disfrutar de absolutamente todo lo que me rodea, que es lo que deseo a esa pareja de “des” que hoy han decidido casarse, que son, acabo de recordar, los protagonistas del tema que me rondaba la cabeza antes de convertirme en vaca. Buena suerte.

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