No por mucho madrugar amanece en Leningrado

Nos pasamos la vida haciendo balances: el balance del año, el balance del partido, el balance del cursillo de hábitos republicanos…, y así hasta acabar haciendo balance de los balances. Ha pasado un año desde que salí de la cárcel inventada por el miedo al sol que más calienta y el balance no puede ser mejor: nunca he sentido tanta libertad como ahora, que no soy más que un prisionero de unos hábitos construidos con azúcar y piolincitos de papel, soy el reo de una rutina ruidosa, el lleno hueco de un grillete grillado, la flauta travesera de una recto juicio. He escapado de archipiélagos Gulag y de helados suelos polacos y de valles caídos sobre sangre inocente y de promesas de futuro, pero ahora no quiero escapar de la paloma que emprende el vuelo asustada por la torre vigía cimentada en mis hombros. Quiero quedarme en este cercado coronado de alambres de espino, pensando en la farsa del Espíritu Santo, escapando hacia el puro centro del interior de mis ojos. Ojos que miran, que ríen y lloran, que se juntan en mi nariz sobrevolando mis carrillos hinchados, para deleite del verdadero Dios de las pequeñas cosas.

Una respuesta to “No por mucho madrugar amanece en Leningrado”

  1. Pin Quintana Mieres Says:

    bbuuffff !!! nun toy pa bromes…que voy facer.

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