En lo alto de la montaña

Los brazos incipientes de una raíz valerosa asoman de la tierra en lo alto de un promontorio, apenas una colina, para susurrar un cambio imperceptible en el estado del ridículo tiempo que mide la vida del hombre. No son un punto y aparte, sino un mordisco y  seguido, un pasito más… Y sin embargo es una de esas marcas que jalonan un camino y que nos indican que la cumbre de la montaña a la que todos en el fondo aspiramos, sigue estando al final del itinerario escogido. Hasta llegar, tendrás que hacer soportable la incertidumbre del final, pero mientras, podrás morder el cuello de la mujer amada, podrás dar dentelladas al alma de un escritor ruso, podrás saborear sólidas y sabrosas comidas, incluso podrás morder el polvo. Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para tu sonrisa.

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