Así te ve Dios

Ya está bien de clarividencias en las postrimerías de la esquina. Sobran los atuendos de papel cebolla. Obviemos la obviedad de las sonrisas desganadas y los mordiscos envidiosos al aliento ajeno. Intentemos pararnos un segundo eterno en medio del fangal en que reptamos y levantemos los pies ahogados por la mierda de las estructuras definidas. Gritemos si nos alivia, clamemos a las nubes, escupamos en la boca a los falsos dioses, abrámonos las venas y reguemos un mañana que dolorosamente, o no, intuímos. Llora como un niño loco, ríe como un loco viejo, loco, loco, loco, que te quiten lo bailado. Loco, loco de atar, como ese Dios injusto que te mira y se ríe de su propia miopía. A él nada le importa… ¿y a ti?

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