Empacho de circo

Corren rumores por los mentideros de Roma sobre el hastío del emperador. Ni siquiera Él, que conoce la importancia del muro que supone el fútbol ante los escándalos políticos, está seguro de que tanto partido sea bueno para la salud de un imperio. Ha consultado con su almohada de plumas de ibis la posibilidad de aprobar un decreto que prohiba los partidos de lunes a viernes, pero una moneda de cobre con su propia efigie se ha colado en su sueño y le ha amenazado de muerte: “No me obligues a matarte. ¿Con qué piensas financiar las numerosas guerras de nuestro pueblo?”. El emperador se ha levantado bañado en sudor y con unas ganas locas de asistir al partido que esa noche juega su equipo preferido, del que por cierto es propietario.

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