El perseguidor

Uno a veces no sabe lo que persigue hasta que lo encuentra. Uno incluso huye creyéndose perseguido cuando el aire que le permite -que casi le da permiso- vivir le quema. Uno agolpa lágrimas e impotencias e incomprensiones y cilicios. Uno es mediocre y tiembla cada medianoche que la luna cruel intensifica su brillo y le hace pequeñito, increíble hombre menguante sin apenas interés para la arañita juguetona. Uno quisiera ser llama que se quema.

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