Y el caramelo se hizo verbo

Puedes decir “hola, terroncito de azúcar” o “qué bonito pelo, crestado de piolincitos azules”; puedes desear que el sol caliente su frío o que la helada mitigue su fiebre; puedes tender una mano y ayudarle a tocar la luna o a volar cometas entre peces y corales; también puedes enseñarle a estremecer sus dedos con el aire de la mañana y a cerrar el puño para atrapar moscas de la risa y a abrir los ojos para ver la luz exhalada por la noche. Puedes hacer todo, golpes de gubia en su persona, destellos de artista en su cerebrito o salazón de lágrima en su pequeño pecho. Puedes hacer todo, pero (y de ese pero, la trascendental mística de la engañosa palabra) sólo un nombre le convierte en realidad.

Bienvenido seas tú, que como un soplo, apareces de la nada.

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2 comentarios to “Y el caramelo se hizo verbo”

  1. Gorgojo Says:

    qué bonito, ésto guárdalo, imprímelo o algo, pero no lo pierdas!

  2. Sirena Says:

    Me gustaría poder decirle a ese cerebrito con destellos de artista que está cerrando el puño para poder atrapar las moscas de la risa, que aquí, en el otro lado, le está aguardando un séquito cargado con montañas de ternura. Y mientras llega el momento, también queremos transmitirle nuestra bienvenida.
    Bienvenido seas tú, que apareces enredado entre las ansias que tenemos de abrazarte todos los que te esperamos.

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