Regalar flores

El momento, situación y lugar, son la clave de un buen regalo. Pero tratándose de flores y novias siempre debemos ir un paso más allá para no fracasar estrepitosamente y entrar en los diferentes limbos, categorizados por los distintos estados emocionales de la destinataria de tan delicado regalo. Por una parte está el limbo de los cursis y horteras, en el que uno entra inmediatamente si llega a casa con una rosa -a poder ser, roja- y se la entrega a su pareja a la vez que le espeta “Una flor para la más bella flor del jardín” o cualquier otra frase con ínfulas de poesía. Por otra parte está el limbo de los imbéciles, en el que uno ingresa si, en un intento desesperado por arreglar un doblete con los amigos o el tonteo con una camarera y la posterior discusión que el mismo ha generado, uno se presenta en casa con un ramo de flores; en esta ocasión, uno es doblemente imbécil, uno por pronunciar un “lo siento”, que es el reconocimiento implícito de que has cometido un error y otro por gastar dinero en un regalo que acaba directamente en la basura o adornando tu cabeza. Otro de los limbos posibles es el de los “gilipollas, cerebro de nutria, ¿cómo se te ocurre regalarme unas flores de plástico, las has robado del nicho de tu abuelo?”, frase que suscribo completamente, pues en el mundo hay pocas cosas de peor gusto que una flor de plástico. Existe otro limbo en el que te puedes quedar para siempre, ya que puede acabar de forma fulminante con una relación, y en el que entras si, el día que te decides a regalarle una flor a tu pareja, aprovechas que estás en la floristería para llevarle otra a tu madre; eso nunca!, el regalo que hagas a tu novia, tiene que hacerla sentir como la destinataria única en el Universo de tus atenciones, no la hagas rivalizar con nadie y mucho menos con su suegra.

Supongo que hay tantos limbos como parejas y personalidades, por eso lo mejor -como las mejores cosas de la vida- es lo sencillo, no complicarse y regalar una flor adornada con una sonrisa, sin decir nada, ni esgrimir un porqué; de ahí que yo no entienda que, en una floristería que hay en mi calle, haya colocado en el escaparate un teléfono para emergencias(????). Una flor no es para arreglar nada, sino para decir mucho sin pronunciar palabra. Ah, y chicas: no os hagáis las duras innecesariamente, a veces un gesto romántico no es más que un gesto romántico y, con los tiempos que corren, es de agradecer.

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Una respuesta to “Regalar flores”

  1. Gorgojo Says:

    Bien bien, ya llevaba yo tiempo pendiente de recibir éstas enseñanzas… muy útiles, no tardaré en llevarlas a cabo!

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