¿Y si eso que llamamos evolución humana no fuera más que una aberración genética acentuada por el paso de los siglos?
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Una respuesta
23/02/2012Húmeda mañana de sal
12/02/2012Hay días en que el sol de la mañana te sumerge en la noche y te pasas esta en vilo para ver amanecer y la vida se convierte, casi sin darte cuenta, en una podrida pescadilla que se muerde la cola. Y de pronto, uno recuerda su infancia y, maldita sea!, a mí de pequeño no me gustaba el pescado, aunque quizás ahora lo tome en contra de mi verdadera voluntad porque una convención social o una regla médica cambiante o un excedente de stock japonés nos diga que es bueno comer peces; además, no nos importa desgarrarles su branquias con un anzuelo, pero lloramos desconsoladamente cuando un cazador se carga a la mamá de Bambi. Hipócrita mundo.
Mañana por la mañana, cuando el astro que nos alienta me señale con su dedo ardiente el camino del pozo oscuro, sin llorar -aunque con ganas-, rechazaré su invitación, buscaré la playa más cercana y me sumergiré en el frío acogedor donde bancos de cientos de miles de peces me arropen con su manto iridiscente.
Me comprometo a luchar -nada de lloros, nada de tatuajes llamando a la reflexión- cada segundo de esto que algunos llaman vida y que no es otra cosa que la aberración evolutiva del Big Bang.
Sonreír y aprovechar las mañanas húmedas y repletas de sal, tal será mi cometido.
Papa-moscas
25/01/2012Los detalles, los detalles son la clave…
En el planeta del que vengo los pequeños detalles no son importantes. Siglos de dudosa evolución han tejido una complicada y perfecta red telepática entre todos nosotros que está regida por una rígida lógica espacio-temporal, que no deja ningún lugar a la sorpresa. Si yo quiero un vaso de Relchumek-37x (nuestra bebida preferida) sólo tengo que mirar a la persona que está a mi lado y éste intentará, en la medida de sus posibilidades, satisfacer mi sed. Así funciona todo: una red de cerebros interconectados, conscientes de que si el vecino está bien, ellos están bien. A priori podría parecer la sociedad perfecta, pero nada más lejos, pues una sociedad sin capacidad de asombro acaba perdiendo la sonrisa y se convierte en un río triste como una eterna migración de ñus.
No acabé en la Tierra escapando de la monotonía -pues mi cerebro no conocía otra forma de vida- sino por pura casualidad cósmica y -todo hay que decirlo- por una avería en el motor de mi nueva nave, que aún no he terminado de pagar. Una vez aquí, todos mis esfuerzos se centraron en hallar una vía de integración. No fue fácil.
Perdida toda esperanza, me dediqué a navegar con esa prehistórica herramienta que en la mayoría de los casos utilizáis de manera tan improductiva, llamada internet. Pasaron días, meses, sin que hallara el más mínimo indicio de cómo podría acercarme a vuestra red de relaciones, pues la ausencia de capacidades telepáticas entre vosotros me convertía en una impávida gota de aceite en un mar frío y extraño. Solo, me sentía muy solo… hasta que se cruzó en mi camino Papa-moscas, o como yo le llamo “el blog que salvó mi vida social”.
Ya no quiero volver a mi aburrido planeta. Gracias a Papa-moscas descubrí que el secreto de la vida es la sonrisa y ésta nace de los detalles. La huraña mirada de mi vecino fue suavizada gracias a un babo personalizado que le regalé. Mi trepa compañera de trabajo comenzó a no intentar pisarme después de que me presentara en la oficina con unas cupcakes de plátano y chocolate , una de las recetas recomendadas por el blog. Incluso mi actual novia (nunca pensé que alguien pudiera fijarse en mí sin utilizar la telepatía!) acabó ganándome después de regalarme un broche personalizado que nunca apeo y que reza “Fly me to the moon”, si ella supiera… Por cierto, ya me ha hablado de boda, en mi galaxia no hay nada parecido y mis amigos terrestres me dicen que estoy loco. En fin, estoy intentando entenderlo sólo un poco, por el momento lo único que parece claro (ella lo tiene claro) es el ramo de novia que nos acompañará.
Desconozco quién hace este blog, sólo sé que está hecho con amor, amor de verdad, el que nace de los pequeños detalles, el que puede salvar tu vida social.
Estoy feliz, como diríamos en mi planeta: ruandalameltic!!!!
Alquitrán de los días
20/01/2012Es una neurona licuada -meteoro viscoso- la que cae sobre mi pie, falda de la montaña infinita que soy y que mira desde su cumbre coronada de nieves y siglos de segundero. Oteo en busca de plumajes libres y nieblas vírgenes para acabar viendo palpitación y reja apenas, giro mi cuello hacia abajo y veo la sombra, muerte, alquitrán de los días, un merodeo ávido de putrefacción, se estira, se estira, se estira con rumor de goma mojada. Oteo de nuevo, con un poco de desesperanza, dispuesto a la aceptación -casi súplica- del esqueleto volador, la risa adelgazada en un graznido lejano, pero no hay nada más que aproximación al abismo, nada más que la sal que brota de mis ojos dispuesta a derretir el blanco de mi alto y fugaz refugio.
Pacto con el diablo
30/12/2011Que la sangre que he de perder, derramada sobre una alucinada incomprensión, se congele antes de tocar tu cabello, raíz de mi inseguro paso valiente… he pedido.
Que tu abrazo transfigurado en médula sólo sea un recuerdo nacido en el hielo de un sol culpable y avergonzado de engullir a la Tierra… he pedido.
Porque diciembre es un mes como cualquier otro para pactar con el diablo.
Que la lágrima por ti derramada sea un eco eternamente repetido de la risa que producen unos pezones de loba en el circo del mundo… he pedido.
Que el paso que me pisa lleve la huella de tu azoramiento infantil, de tu prisa por llegar a ninguna parte, de tu mejilla encendida de impaciencia, de tu falta de aliento y de tu sed calmada en el abrevadero de mi boca… he pedido.
Porque diciembre es un mes como cualquier otro para pactar con el diablo.
Que el miedo inevitable que no quiero compartir contigo se disperse bajo el ritmo de tus pechos en mi pecho… he pedido.
Que la vida que has engendrado ahuyente de tu pequeña cabeza -pájaro bello, estrella lejana- las fúnebres nubes que borran nuestra sombra… he pedido.
Porque diciembre, insisto, es un mes como cualquier otro para pactar con el diablo, o para abrazar el ateísmo, o para decirte que te quiero aunque tú ya lo sepas o lo intuyas o lo ignores conscientemente para obligarme a repetirlo.
El diablo (así, con minúscula, porque no quiere que le comparen con los dioses de plastilina) ha aceptado mi alma, que poco vale sin mis circunstancias -todo hay que decirlo-, a cambio de estas humildes concesiones que acabo de resumir.